Siento que mi pareja no me desea: Distinguir entre la falta de libido y el rechazo emocional profundo
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Cuando una mujer se sienta en mi consulta de La Cava y, tras unos minutos de rodeo, comenta la frase que lleva meses callando: «Siento que mi pareja no me desea», la carga se libera. No estamos hablando solo de sexo; estamos hablando de validación, de seguridad y del miedo atroz a dejar de ser importante para el otro.
Como psicóloga, mi primera tarea no es darte «trucos» para reavivar la llama, sino ayudarte a hacer espacio para entender qué está ocurriendo realmente en ese silencio. A menudo, confundimos la falta de libido con un rechazo a nuestra persona, cuando en realidad solemos estar ante una señal de alarma sobre el estado del vínculo.
La interpretación del silencio: Las «mini decepciones» del día a día
El primer paso es frenar la escalada de pensamientos catastrofistas. Cuando tu pareja se gira en la cama o evita el contacto físico, tu sistema de apego se activa y es fácil pensar que hay otra persona o que el amor se acabó. Si este pensamiento te ronda, te recomiendo leer mi artículo sobre [cómo gestionar la sensación de que tu pareja te engaña sin tener pruebas], porque a veces la intuición se mezcla con el miedo.
Sin embargo, en la mayoría de los casos que veo en Logroño, lo que hay detrás de esa falta de deseo no es un tercero, sino una desconexión emocional progresiva.
En algún punto del camino, dejasteis de dedicaros el tiempo suficiente para cuidaros, admiraros y quereros de forma consciente. Las mini decepciones del día a día —una mala contestación no reparada, una mirada que no se sostuvo, una necesidad ignorada— han ido creando pequeñas rupturas en el vínculo. Si esas grietas no se reparan, el resultado inevitable es la distancia física y emocional.
El círculo vicioso de la demanda: La metáfora del gato
En terapia siempre miramos la circularidad. Es el clásico baile donde uno persigue y el otro se aleja. Para que entiendas por qué la insistencia a veces consigue el efecto contrario, me gusta usar una imagen muy clara: imagina que quieres acariciar a un gato que está tranquilo en una esquina.
Si vas directo hacia él, lo coges en brazos a la fuerza y lo aprietas porque tú tienes ganas de darle cariño… ¿qué hace el gato? Saca las uñas y huye. No lo hace porque no te quiera, sino porque se ha sentido atrapado.
Sin embargo, si te sientas en el sofá, haces tus cosas y le das espacio… es muy probable que al rato el gato venga a frotarse contra tus piernas por su propia cuenta.
El deseo del otro funciona igual: necesita sentir que se acerca por curiosidad y voluntad, no por obligación. Si la intimidad se percibe como una «tarea» o una exigencia, el deseo se apaga, porque el deseo no puede florecer bajo presión.
¿Me rechaza a mí o rechaza la dinámica?
Es vital diferenciar. El rechazo emocional implica desprecio o indiferencia ante tu dolor. Si sientes que, además de no haber sexo, hay malas palabras o gestos hirientes, quizás te ayude leer este artículo en el que hablo sobre por qué la pareja a veces trata mal y cómo darnos nuestro espacio.
Pero si el trato es correcto y «solo» falta el deseo, solemos estar ante ese bloqueo del que hablábamos. Tu pareja no te rechaza a ti; rechaza la dinámica de persecución o la desconexión que se ha instalado entre ambos.
Recuperar el vínculo: Hacer espacio para repararse
Aceptar que el deseo fluctúa requiere madurez y, a menudo, transitar un duelo por la relación idealizada del principio. Aquí entra en juego la necesidad de entender las [fases del duelo en la relación]: aceptar que la etapa de «fusión» pasó para dar lugar a un amor más adulto.
Recuperar el deseo no se logra insistiendo en el sexo, sino reparando esas mini rupturas cotidianas. Se trata de volver a estar plenamente presentes el uno para el otro, recuperando la admiración que quedó sepultada bajo la rutina.
Un refugio en La Cava para desenredar el nudo
Si leer esto te ha conectado, si sientes que vives persiguiendo a ese «gato» que siempre se escapa, quiero decirte que no tienes que sostenerlo sola.
En mi consulta de psicología en Logroño (barrio de La Cava), trabajamos para desenmarañar estas dinámicas. No buscaremos culpables, sino que aprenderemos a reparar esas desconexiones para que podáis volver a miraros sin miedo y con curiosidad.
¿Te animas a hacer espacio para la verdad de vuestro vínculo?
No necesariamente. A menudo es síntoma de una desconexión emocional acumulada por «mini decepciones» diarias que no se han reparado, no de falta de amor.
Es como intentar atrapar a un gato: si lo fuerzas, huye porque se siente atrapado. El deseo necesita libertad y voluntad para surgir; la presión lo mata.
El rechazo suele implicar desprecio o frialdad en todas las áreas. La falta de libido suele ser un bloqueo específico en lo sexual, fruto de esa desconexión o estrés, pero manteniendo el cariño en otros aspectos.
Sí, pero no a través del sexo directo, sino reconstruyendo la admiración, el cuidado y la presencia plena que se perdieron en la rutina.
Cuando la distancia física os está generando sufrimiento, inseguridad o cuando sois incapaces de hablar del tema sin terminar discutiendo o ignorándoos.