¿Alguna vez has sentido ese subidón instantáneo cuando alguien te dice «qué bien lo has hecho»? Es como si, por un segundo, todo dentro de ti se ordenara. Pero, ¿te has fijado también en lo poco que dura esa paz?
Muchas personas que llegan a mi consulta de psicología en Logroño describen la misma sensación: viven agotadas. Sienten que su bienestar emocional es una montaña rusa que depende totalmente de lo que suceda fuera: si me miran bien, estoy arriba; si me miran mal (o no me miran), me hundo.
Hoy quiero hablarte de la validación externa no desde el juicio, sino desde la compasión. Porque si buscas fuera, no es por vanidad. Es porque en algún momento aprendiste que era la única forma segura de estar en el mundo.
¿Qué es la validación externa? Ejemplos de buscar un espejo en el mundo
La validación externa es esa necesidad profunda de buscar un «espejo» en los demás para saber quién eres. Es entregarle al entorno el poder de decidir si hoy eres válida o si has fallado.
El problema no es que nos guste que nos halaguen (somos seres sociales, es natural). El problema surge cuando esa opinión ajena se convierte en el pilar maestro que sostiene toda tu autoestima. Si ese pilar se mueve, tu casa se cae.
Señales de alerta: Cuando tu estado de ánimo depende del «qué dirán»
¿Cómo saber si la balanza se ha inclinado demasiado hacia fuera? Quizás te reconozcas en estas situaciones:
- El «Hacer» constante: Sientes que tu valor depende de tu última acción. La validación externa te obliga a estar siempre «haciendo» cosas, demostrando méritos, porque sientes que si paras, dejas de valer.
- El miedo al conflicto: Te callas opiniones o dices que sí a planes que no te apetecen por terror a que la otra persona se moleste y retire su afecto.
- El juicio interno: Vives en un tribunal constante. Si alguien te mira mal, asumes automáticamente que tú has hecho algo incorrecto. Le has dado al otro el martillo de juez y tú te has quedado en el banquillo de los acusados.
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La diferencia real: Por qué la aprobación ajena calma solo un momento
A menudo explico en terapia que la validación externa funciona como un analgésico potente, pero de efecto corto.
Cuando recibes ese like, ese aplauso o ese «gracias», sientes un alivio inmediato. La validación externa calma un momento. Pero como no cura la herida de fondo (la duda sobre tu propio valor), al rato necesitas otra dosis.
La validación interna, en cambio, es más lenta de construir, pero es la que calma una vida. Es la que te permite dejar de «hacer» para ganarte el derecho a existir, y te da permiso para simplemente «ser».
Cómo dejar de buscar validación externa y empezar a construir la interna
El paso de la dependencia a la autonomía emocional no se hace de golpe. No se trata de levantarse un día y decir «ya no me importa nadie». Se trata de reequilibrar los pesos.
No es debilidad, es supervivencia: Entendiendo el origen de tu necesidad
Antes de intentar cambiar nada, necesito que dejes de culparte. Nadie nace siendo «insegura» o «dependiente». Generalmente, esa búsqueda de aprobación fue una estrategia de supervivencia.
Cuando eras niña, quizás aprendiste que para ser vista, querida o para evitar conflictos en casa, necesitabas ser «la niña buena», la perfecta o la que nunca daba problemas. Escanear el estado de ánimo de los demás te salvó entonces. Fue un mecanismo inteligente de adaptación. El problema es que hoy eres una mujer adulta, pero una parte de ti sigue usando ese mapa antiguo, creyendo que si no agradas, peligras.
Del juicio ajeno al criterio propio: Claves para dejar de sentirte culpable
Recuperar tu validación interna es como dejar de vivir de alquiler en la opinión de los demás y empezar a comprar tu propia casa. Para ello, necesitamos trabajar en entender una verdad fundamental: La opinión del otro no es la verdad absoluta.
Lo que los demás piensan de ti es subjetivo, filtrado por sus propios miedos y vivencias. Tu tarea no es convencerles de tu valor, sino empezar a darle a tu propia voz, al menos, la misma autoridad que le das a la de ellos. Cuando la validación interna crece, encuentras un hogar seguro dentro de ti, y el mundo deja de ser un examen constante.
Terapia para recuperar tu seguridad
Salir del bucle de la exigencia y la aprobación ajena es difícil de hacer sola, porque nuestros propios «puntos ciegos» nos boicotean. En mi consulta trabajamos precisamente esto: no solo aliviar el síntoma, sino entender la raíz sistémica de por qué necesitas esa aprobación, para poder soltarla sin miedo.
¿Hablamos? Reserva tu cita
Si sientes que vives pendiente de un juez externo y quieres empezar a recuperar tu propia voz, me encantará acompañarte. Puedes encontrarme en mi consulta presencial de psicología en Logroño o podemos trabajar juntas a través de terapia online, estés donde estés.
Tu paz no debería depender de lo que pase fuera. Empecemos a construirla dentro.
Es la tendencia a basar tu autoestima y tu valor personal en las opiniones, halagos o reacciones de los demás, en lugar de en tu propio criterio interno.
Si sientes ansiedad cuando no recibes feedback, si te cuesta tomar decisiones sola o si tu estado de ánimo cambia drásticamente según cómo te miren los demás, es probable que tu validación dependa demasiado del exterior.
Trabajo específicamente la autoestima desde un enfoque sistémico, para entender el origen de esa inseguridad y fortalecer tu criterio propio.